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Posts Tagged ‘Poetry Slam’

(Este breve texto es el resultado de una improvisación. Ya había publicado otro por el estilo hace años, y en este caso también la ocasión fue la “Poetry Slam”de Steven Fifty y Peter Fish que, tras abandonar el histórico Bar Pastís sigue en marcha en el Absenta del Raval. Estuve escribiendo durante la primera mitad del espectáculo y luego salí a leer esperando entender mi propia letra. Esta vez no llegamos a grabar nada. Como siempre pasa, lo que podéis leer a continuación es ligeramente distinto de lo que recité en el escenario, ya que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río)

Estoy leyendo una lista de la compra.

Una lista de la compra de hace seis meses, o por lo menos eso creo, por el mero hecho de que acaba de salir de donde la olvidé (un bolsillo, obvio). Antes de tirarla a la basura, me apetecía ver qué compré en esa ocasión que ni siquiera sabría ubicar bien.

Pero conforme la voy mirando, entiendo que, pasada la situación que la ocasionó, todo lo que queda por leer está entre líneas, bien cómodo, como si estuviera en su casa, y yo no recuerdo la dirección. Allí se queda, vagamente deslumbrado por la tinta de un boli que la palmaría no mucho más tarde. Era un boli rojo.

El mensaje, finalmente, no resulta tan claro, y me entra como una suerte de mareo, porque al parecer es un talento que tengo, o bien porque esos intervalos blancos definidos por palabras intrascendentes me atraen violentamente a si, como una invitación que no se puede rechazar, una oferta telefónica que te pilla desprevenido al salir de la ducha, esa operadora era una auténtica jodienda pero no conseguí decirle que no.

Muevo los ojos entre el ajo y el chocolate y la presencia (¿o presencias?) entre las líneas sigue moviéndose, ahora con la energía furiosa de alguien  que vea alejarse el último autobús al otro lado de la plaza, y lo único que consigo recordar completamente es cuánto me costó todo lo que compré, y yo, en ese todo tan frustrante sólo me quiero cagar.

No hay manera. Al parecer lo que está allí entre líneas es un límite temporalmente infranqueable, y no tengo herramientas para que se me manifieste en los próximos veinte minutos al menos. Me tocará esperar fingiendo que me importa lo que haga mientras tanto, para tener por fin el poder de matar este discurso que estoy entreteniendo conmigo mismo, y con él todo otro discurso, y poder anunciarme, aliviado:

“Ya, claro, justo eso te quería decir”.

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(Este pequeño casi-monólogo nació como improvisación en una de las “Poetry Slams” que se celebran una vez al mes en el histórico Bar Pastis, en el barrio del Raval, en Barcelona. Esto es cosa reciente, fue la noche del 30/07/2012. En la guitarra y como “segunda voz”  me acompañaba Peter Fish, uno de los dos animadores de la velada, mientras el otro, Steven Fifty, estaba grabándolo todo con el móvil, por si salía algo. A partir de la grabación transcribí el texto y lo modifiqué bastante, con tal de eliminar repeticiones o desarrollar metáforas e ideas apenas esbozadas en el momento. Aquí podéis encontrar la grabación por si os apetece escucharla. Ésta en cambio es la noticia que contribuyó a ocasionarme estas reflexiones. Gracias como siempre al Pinche Wey por la valiosa revisión)

CHINOTTOREBEL: Estaba comentando el otro día con el señor de aquí (indica a Steven Fifty) que según cálculos de la “Plataforma de Afectados por la Hipoteca”, desde que empezó la crisis en 2008, en España, unas 400.000 familias se vieron afectadas, es decir que 400.000 familias han sido desahuciadas. Lo cual significa, en un lenguaje más plano, más entendedor, más de cada día, que han sido echadas de sus casas a patadas en el culo.

Y bueno, resulta, según estadísticas de la misma plataforma, que por ejemplo, la mayoría de estos hipotecados no tenía curro pero sí tenía hijos… pues mira, esa palabra “proletario”, que creíamos que ya había sido entregada a la historia de los conceptos, de repente, en los años diez del siglo veintiuno vuelve a tener algo de actualidad, de una manera que no hubiésemos podido anticipar. Pero ahora ya no quiero hablar de la gente, porque al final la peña nos tiene un poco podridos, estos dramas humanos, esto de no saber dónde dormir, dormir bajo un puente, como quien dice … a la larga tanta tragedia hasta puede cansar.

Hoy me quiero preocupar por la otra faceta del asunto, es decir, la mismísima hipoteca. La hipoteca, amigos: ¿qué siente una hipoteca?, ¿qué se siente ser una hipoteca? ¿Cuáles son los sentimientos de una hipoteca? ¿Tiene sentimientos una hipoteca? ¿Me sabéis contestar?

PETER FISH: Tampoco tiene que ser bonito, ¿no?

CHINOTTOREBEL: Sí, debe de ser difícil. Pero bueno. Ahora, no me he repasado la etimología de la palabra, pero en griego antiguo “hipo” quiere decir “abajo”, “debajo”, pues sugiere como la idea de algo bajo… un yugo, por ejemplo… sometido a una condición, digamos… hipotálamo, hipotenusa, hipopótamo… no bueno, la última es una falsa etimología no me hagáis caso.

Y entonces, una hipoteca… tras desahuciar a la gente lo único que quiere  es quedarse sola un tiempo con su potencialidad especulativa, antes de volver a vincularse a otros. Pero, ¿qué es de por sí una hipoteca sola? Es muy poco, nada más una trampa puntual… porque la hipoteca, para llegar a ser algo, necesita juntarse con sus parejos, es decir con otras hipotecas. Y muchas hipotecas juntas, allá vamos por fin, ¿qué hacen? Una hiperteca.

Pues, ¿qué es una hiperteca? Es un superorganismo, como… como los insectos, ¿no? Donde muchos seres más pequeños se comportan precisamente como si fueran partes de un conjunto, de una única entidad. Precisamente eso, la hiperteca es un ser enorme hecho de casas vacías, como una inmensa colmena justamente, un superorganismo aparentemente inanimado expulsando a las abejas, escupiendo a los desahuciados, porque todos estos insectos estorbarían su hueca plenitud.

Y yo creo que se siente la mar de bien, así de vacía, estupendamente vacía, porque a veces, pues, lo que muchos queremos y llevamos a la práctica en nuestra vidas cotidianas, al fin y al cabo, es anularnos, nos echamos a la nada deseando únicamente que nos reciba, y bueno,  es exactamente lo que hace la hiperteca.  La hiperteca, al final, lo que quiere conseguir de una puta vez es dejar de sentir, tener un descanso.

Pero lo que tal vez no ha entendido es que así, juntándose todas las casas de todos los desahuciados de este país, lo que acabará habiendo sólo será un desierto edificado. Y cada vez que alguien, uno cualquiera de los desahuciados pasando por ahí dé un grito, aunque sea para llamarle a fulano al otro lado de la acera, éste va a retumbar, se va a desdoblar, miles y miles y miles de veces. ¿Os imagináis qué podría llegar a pasar si todos gritaran juntos?

Cada grito y cada eco un estremecimiento en el laberinto vacío de sus incontables habitaciones, un paso más lejos del anhelado silencio, y un grito, un grito, otro, un susurro, un estornudo, un silbido… Jamás, jamás, alcanzaría a dejar de sentir. Pero no se podría derribar sola. Y se quedaría allí, inútil, en su desgarrada solidez.

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